8/11/2005

La organización del paisaje agrario y de la propiedad de la tierra

La organización del paisaje agrario y de la propiedad de la tierra

La mayor parte del término de Liétor estuvo destinado a pastos para el ganado, bien como parcelas privilegiadas o como tierras comunales. Hasta la segunda mitad del siglo XV, las tierras cultivadas fueron escasas y situadas en las proximidades de la villa; una pequeña vega junto al río Mundo, sobre todo, pequeños núcleos de regadío junto a las fuentes próximas al núcleo urbano. Así, no es extraño que las tierras de regadío documentadas se sitúen junto a los muros de la villa, regadas con la fuente de la Canaleja, o los bancales localizados “tras las torres”, la propia huerta de la Orden y las tierras de los Albercones y de Alcadima, como comentábamos en el caso de la Iglesia. Estos pequeños núcleos de regadío eran propiedad, a finales del siglo XV, de la Iglesia local, de la encomienda o de miembros del concejo, siendo muy disputada su posesión por la escasez de tierras cultivables. Aún así, algunos de estos regadíos más tradicionales serán arrasados por el crecimiento urbano del arrabal desde la segunda década del siglo XVI.

Lejos de la villa, las roturaciones agrícolas fueron limitadas por el peligro que introducía la frontera, lo que desestabilizó continuamente el abastecimiento alimentario de la villa por la escasa producción de alimentos existente. Así lo afirmaba el concejo en 1494, a pesar de que para entonces habían surgido otras zonas de cultivo junto a fuentes más alejadas del núcleo urbano. Desde 1440, coincidiendo con la conquista de Huéscar y del alejamiento del peligro fronterizo se iniciaron algunas roturaciones en Mariscote, aprovechando las aguas de los abrevaderos allí existentes para el ganado. Las primeras tierras labradas no comprendían más de quince fanegas de sembradura ampliadas progresivamente hasta alcanzar unas cuarenta fanegas. Sus promotores fueron Martín Gil “el rentero” y Juan Gil, pero fueron vendidas por Gil Sánchez de Alcázar, tutor de sus herederos, pasando a ser propiedad de los Buendía y, más tarde, de Alonso de Ejea. En 1493 continuaban en explotación y un testigo recordaba haber estado “en las dichas tierras y vido labrar en ellas e sembrar el pan e trillar en un exido el pan que asi cogian cabo el dicho abrevadero”. Junto a este conjunto agrario, otras familias roturaban pequeñas porciones de tierra, como afirmaban los testigos en 1493: “hazen otras lauores e tierras e abren de nuevo junto con las dichas tierras de cuarenta años aca”. En aquel mismo lugar se recaudaban los diezmos de lo cosechado y se vendían a vecinos de Liétor y de Peñas de San Pedro que allí acudían para comprarlo, lo que también se hacía con la paja resultante de la cosecha.

En la línea divisoria con los términos de Alcaraz se desarrollaron nuevas roturaciones agrícolas, construyéndose algunas casas de labor como había ocurrido en Mariscote. También en la segunda mitad del siglo XV se roturaban tierras en La Nava, afirmando un familiar de los propietarios que “yva a moler…al lugar de Ayna”; y también en el Villarejo se constata este mismo proceso dirigido por Juan López Zarco.
En general, son roturaciones realizadas sobre tierras comunales, obtenidas con licencia concejil, aunque algunas de ellas pudieran haber sido apropiadas mediante presura espontánea y dotadas posteriormente por el concejo, como parece desprenderse muy sutilmente de los documentos conservados.

A pesar de ello, las tierras cultivadas en el término de Liétor continuaron siendo escasas debido al monopolio ejercido por los ganaderos sobre los pastos de la villa. La dehesa de Híjar, apropiada durante décadas por la familia Muñoz, vecinos de Alcazar y de Liétor, fue después arrendada por los comendadores a ganaderos de la villa, documentándose en manos de Juan García y de Diego de Llerena en los años de transición al siglo XVI. En el extremo opuesto, la dehesa boyal de Talave servía para la utilización exclusiva del ganado de labor por concesión de don Lorenzo Suárez de Figueroa en 1390, aunque ya en la década de 1530-1540 se intentó roturar por la escasez de cereal que sufrió la villa quedando, desde entonces, como dehesa roturada.

Cañero