2/09/2005

Rivalidad entre Parroquia y ermitas

Rivalidad entre Parroquia y ermitas

Las prácticas litúrgicas de la parroquia no se limitaron al culto funerario; el culto a los santos encauzaba una fluida corriente de limosnas que fue bastante estable, en la que rivalizaron las ermitas con la parroquia. El culto mariano, unido al de los apóstoles Santiago y San Bartolomé, fue el más extendido, no sólo en las esculturas y retablos sino también en la multitud de pinturas y murales existentes en las paredes de la iglesia, en las que la representación de la Piedad con otros santos y mártires ocupó un destacado papel. Todavía hoy existe un testimonio similar en la ermita de Nuestra Señora de Belén, algo posterior en su construcción pero muy representativa del culto popular que en la villa se desarrollaba. La procesión anual del Corpus por las sinuosas calles del pueblo, las procesiones semanales que se efectuaban alrededor de la iglesia, el rezo de la salve en la noche de los sábados y el mantenimiento de un libro de registro de bautizados, desde una fecha tan temprana como 1511, son otros ejemplos del monopolio que la parroquia ejerció sobre las conciencias del pueblo.

El control global de las rentas parroquiales y del gobierno espiritual de la comunidad, ocasionó continuos enfrentamientos entre la Orden de Santiago y el Obispo de Cartagena. La parroquia estuvo vinculada a la vicaría de Yeste desde las últimas décadas del siglo XV y hasta la creación de la vicaría de Aledo en 1652, que extendió su jurisdicción sobre ella. Pero los obispos de Cartagena intentaron continuamente conseguir los derechos de visita de la iglesia y ermitas con la detracción de una parte de sus rentas, aunque nada de ello consiguieron ante los privilegios santiaguistas, salvo sus tradicionales derechos de visita de la pila, óleo y crisma.

Cañero