1/07/2005

Las almas de la Iglesia

Las almas de la Iglesia.

El beneficio parroquial de Liétor reportaba unos ingresos medios que se cifraban en unos 12.000/14.000 maravedíes en los años de transición del siglo XV al XVI.
Su principal fuente de renta fue la percepción de las primicias de cereal y queso, por lo general media fanega de grano de cada nueve cosechadas. A ello se unió el pie de altar y ofrendas recibidas más las limosnas. Además, el beneficio mantuvo algunas propiedades, entre ellas la casa donde residía el párroco y algunos censos sobre viñas y huertos concedidos por vecinos de la villa para las misas testamentarias.
En 1511 se nombran las siguientes: una viña que poseía Juan Guerrero y pagaba 25 maravedíes de “pensión” a cambio de diez misas al año; un huerto que poseía Pedriarías por un real, a cambio de cinco misas; otro huerto de Gómez García Muñoz, por quince maravedíes a cambio de tres misas; y un último huerto que poseía la mujer de Ribiera por medio real y cargo de una misa cantada.
No en todas las villas la iglesia recibía tanto.
Algunos párrocos tuvieron que ser retribuidos por el comendador para asegurar el culto.

La fábrica de la iglesia era gestionada por un mayordomo, elegido por el concejo y el párroco entre los vecinos de la villa.
La iglesia tenía unos gastos enormes en relación a costes de construcción y ampliación del edificio, que en los primeros años del siglo XV se encontraba en fase de renovación completa. Por esto, aunque la iglesia ingresaba las limosnas, los derechos de sepulturas y el escusado, debía recibir continuos aportes económicos del concejo para su edificación que, en muchas ocasiones, procedían de repartimientos entre los vecinos debido al déficit de las arcas municipales. Cuando, en 1511, los visitadores ordenaron realizar ciertas reparaciones en las murallas de la villa, tuvieron que escalonar el gasto en tres años debido a que el pueblo estaba fatigado económicamente.

Los vecinos ricos pagaban a la iglesia a cambio de favores religiosos, siendo los más pobres despojados de los favoritismos. La salvación de estos vecinos estuvo así condicionada a un aumento de la presión fiscal sobre la población.
Desde 1490, la parroquia comenzó a recibir donaciones de tierras y casas como mandas testamentarias para sufragar misas por el alma de los donantes, los más ricos.

Así bien, ¿qué pasaba con las almas de los más pobres?

Cañero