8/11/2005

La reorganización de la familia campesina

La reorganización de la familia campesina

Se produce una reorganización progresiva del reparto del trabajo familiar. Ya desde la segunda mitad del siglo XV, la población juvenil colaboraba cada vez más en tareas de guarda de rebaños ajenos. Cada vez más numerosos jóvenes podían ser contratados por ganaderos de villas limítrofes como Hellín o Alcaraz donde conseguían salarios complementarios para la unidad familiar, ayudando a soportar la presión fiscal del momento.
Junto a los jóvenes, las mujeres comenzaron a ocupar parte de su tiempo excedentario de trabajo en la confección de manufacturas textiles para el mercado externo, lo que sirvió para equilibrar los ingresos familiares. En 1530, un informe de la Corona indica que la mayor parte de la villa se sustentaba de la confección de las alfombras. Una abundante población campesina subocupada, el control de los pastos por los ganaderos de la villa, una buena producción lanera y un reducido grupo de tratantes conectados con el mercado externo permitió el desarrollo de este fenómeno.

Cañero

La organización del paisaje agrario y de la propiedad de la tierra

La organización del paisaje agrario y de la propiedad de la tierra

La mayor parte del término de Liétor estuvo destinado a pastos para el ganado, bien como parcelas privilegiadas o como tierras comunales. Hasta la segunda mitad del siglo XV, las tierras cultivadas fueron escasas y situadas en las proximidades de la villa; una pequeña vega junto al río Mundo, sobre todo, pequeños núcleos de regadío junto a las fuentes próximas al núcleo urbano. Así, no es extraño que las tierras de regadío documentadas se sitúen junto a los muros de la villa, regadas con la fuente de la Canaleja, o los bancales localizados “tras las torres”, la propia huerta de la Orden y las tierras de los Albercones y de Alcadima, como comentábamos en el caso de la Iglesia. Estos pequeños núcleos de regadío eran propiedad, a finales del siglo XV, de la Iglesia local, de la encomienda o de miembros del concejo, siendo muy disputada su posesión por la escasez de tierras cultivables. Aún así, algunos de estos regadíos más tradicionales serán arrasados por el crecimiento urbano del arrabal desde la segunda década del siglo XVI.

Lejos de la villa, las roturaciones agrícolas fueron limitadas por el peligro que introducía la frontera, lo que desestabilizó continuamente el abastecimiento alimentario de la villa por la escasa producción de alimentos existente. Así lo afirmaba el concejo en 1494, a pesar de que para entonces habían surgido otras zonas de cultivo junto a fuentes más alejadas del núcleo urbano. Desde 1440, coincidiendo con la conquista de Huéscar y del alejamiento del peligro fronterizo se iniciaron algunas roturaciones en Mariscote, aprovechando las aguas de los abrevaderos allí existentes para el ganado. Las primeras tierras labradas no comprendían más de quince fanegas de sembradura ampliadas progresivamente hasta alcanzar unas cuarenta fanegas. Sus promotores fueron Martín Gil “el rentero” y Juan Gil, pero fueron vendidas por Gil Sánchez de Alcázar, tutor de sus herederos, pasando a ser propiedad de los Buendía y, más tarde, de Alonso de Ejea. En 1493 continuaban en explotación y un testigo recordaba haber estado “en las dichas tierras y vido labrar en ellas e sembrar el pan e trillar en un exido el pan que asi cogian cabo el dicho abrevadero”. Junto a este conjunto agrario, otras familias roturaban pequeñas porciones de tierra, como afirmaban los testigos en 1493: “hazen otras lauores e tierras e abren de nuevo junto con las dichas tierras de cuarenta años aca”. En aquel mismo lugar se recaudaban los diezmos de lo cosechado y se vendían a vecinos de Liétor y de Peñas de San Pedro que allí acudían para comprarlo, lo que también se hacía con la paja resultante de la cosecha.

En la línea divisoria con los términos de Alcaraz se desarrollaron nuevas roturaciones agrícolas, construyéndose algunas casas de labor como había ocurrido en Mariscote. También en la segunda mitad del siglo XV se roturaban tierras en La Nava, afirmando un familiar de los propietarios que “yva a moler…al lugar de Ayna”; y también en el Villarejo se constata este mismo proceso dirigido por Juan López Zarco.
En general, son roturaciones realizadas sobre tierras comunales, obtenidas con licencia concejil, aunque algunas de ellas pudieran haber sido apropiadas mediante presura espontánea y dotadas posteriormente por el concejo, como parece desprenderse muy sutilmente de los documentos conservados.

A pesar de ello, las tierras cultivadas en el término de Liétor continuaron siendo escasas debido al monopolio ejercido por los ganaderos sobre los pastos de la villa. La dehesa de Híjar, apropiada durante décadas por la familia Muñoz, vecinos de Alcazar y de Liétor, fue después arrendada por los comendadores a ganaderos de la villa, documentándose en manos de Juan García y de Diego de Llerena en los años de transición al siglo XVI. En el extremo opuesto, la dehesa boyal de Talave servía para la utilización exclusiva del ganado de labor por concesión de don Lorenzo Suárez de Figueroa en 1390, aunque ya en la década de 1530-1540 se intentó roturar por la escasez de cereal que sufrió la villa quedando, desde entonces, como dehesa roturada.

Cañero

La reorganización de la familia campesina

Se produce una reorganización progresiva del reparto del trabajo familiar. Ya desde la segunda mitad del siglo XV, la población juvenil colaboraba cada vez más en tareas de guarda de rebaños ajenos. Cada vez más numerosos jóvenes podían ser contratados por ganaderos de villas limítrofes como Hellín o Alcaraz donde conseguían salarios complementarios para la unidad familiar, ayudando a soportar la presión fiscal del momento.
Junto a los jóvenes, las mujeres comenzaron a ocupar parte de su tiempo excedentario de trabajo en la confección de manufacturas textiles para el mercado externo, lo que sirvió para equilibrar los ingresos familiares. En 1530, un informe de la Corona indica que la mayor parte de la villa se sustentaba de la confección de las alfombras. Una abundante población campesina subocupada, el control de los pastos por los ganaderos de la villa, una buena producción lanera y un reducido grupo de tratantes conectados con el mercado externo permitió el desarrollo de este fenómeno.

Cañero

4/13/2005

El Resto de la población

El Resto de la población


Lo constituían campesinos con pequeñas propiedades agrícolas, censatarios de tierras ajenas, arrendatarios y asalariados con graves dificultades para lograr niveles aceptables de subsistencia. Apenas conocemos su evolución a lo largo de los siglos XIV y XV, cuando las grandes superficies de tierras comunales les permitieron mantener la unidad familiar con la explotación de algunas fuentes de riqueza de la comunidad; pequeños hatos de ganado alimentado en los pastos comunales, algunas superficies agrícolas rotuladas con licencia del concejo, la instalación de colmenas en los montes del término, la leña, la caza, la pesca sirvieron de base económica a la mayoría de familias campesinas de la villa. Cuando todo ello no bastó, la emigración a territorios de la frontera granadina fue la oportunidad soñada para lograr un pequeño conjunto de propiedades agrícolas que sustentaran a la familia.

Su situación económica fue deteriorándose desde las últimas décadas del siglo XV, sobre todo cuando la conquista de Granada puso fin al sueño migratorio y cuando el grupo social dirigente empezó a limitar la utilización compartida y solidaria de las tierras comunales. El empobrecimiento de la villa se documenta desde 1480, con detalles significativos de la difícil situación económica por la que empezaron a atravesar numerosas familias. Aquel año, diez vecinos tuvieron que pagar diversas penas judiciales con jornales en la obra de una torre que pretendía construir el comendador; y desde 1494 son continuas las referencias realizadas por los visitadores sobre la pobreza y fatiga de la villa. En el origen de todo ello se sitúa el progresivo aumento de la presión fiscal sobre la población en forma de repartimientos concejiles cada vez más numerosos ante la escasez de propios concejiles. Así, la construcción de la iglesia, las reparaciones de la muralla, los reparos del molino del concejo, de algunos puentes y el mantenimiento de algunos pleitos sobre los mojones del término se convertían en gastos excesivos para el concejo y en imposiciones al vecindario,

4/05/2005

Algunas familias dominantes II

Algunas familias dominantes II


Si todas estas familias mantienen fortunas superiores a los 80000 naravedis desde los años finales del siglo XV. Otras fueron acumulando riquezas hasta alcanzarles e, incluso, superarles en las primeras décadas del siglo XVI. Fue el caso de Diego de Llerena, que actuaba de médico en 1488 y se documenta como alcalde y cuantioso desde 1507; su participación como arrendador de las rentas de la encomienda no debe ser ajena a su progresivo enriquecimiento, implicándose en negocios comerciales de abastecimiento de productos tintóreos en los últimos años del siglo XV. Un caso similar de nuevo rico fue le de Martín de Cervantes, que actuaba como escribano del concejo en 1495, llegaba a la alcaldía en 1507 y superaba los 100.000 maravedis de fortuna personal en 1511.

El control político de la comunidad les permitió utilizar el concejo como institución al servicio de sus intereses de grupo. Ganaderos como Sancho Devesa y Juan Lorenzo, caballeros cuantiosos, obtenían el abastecimiento de carne de la población y daban salida comercial a una parte de sus ganados en la carnicería de la villa. Pero, sobre todo, a través del concejo decidían la utilización de los pastizales comunales, aprobaban su progresivo acotamiento en dehesas y redondas que arrendaban para sus ganados y se permitía acaparar las escasas roturaciones agrícolas que se hicieron en las tierras comunales.

Junto a ello, participaron activamente como intermediarios en la recaudación de las rentas de la encomienda y se insertaron en la organización de la economía señorial haciéndose con la posesión de las principales propiedades santiaguistas. En 1458, el único horno de la villa estaba arrendado por Martín Sánchez de Alcaraz, la renta del portazgo y veintena por Juan García de Buendía y las huertas de la Orden por Juan del Peral; el primero era uno de los mayores propietarios de ganado, los restantes fueron medianos propietarios que ascenderán progresivamente de escala social en la transición del siglo XV al XVI. En esta época ya conocimos a un alcalde y regidor ostentando el domino de hornos y molinos.

3/05/2005

Algunas familias dominantes

Algunas familias dominantes

Es el caso de los Helipe, con Hermán Sánchez Helipe como caballero de cuantía en 1498 y ocupando el cargo de regidor tres años antes; ya a mitad del siglo XV Pedro Sánchez Helipe mantenía personal asalariado para cuidar sus rebaños y mantenía debates con Juan Sánchez de Ribera, mayordomo de la encomienda, sobre el pago del diezmo de su ganado en 1458; años después, en 1486, Fernando Helipe y Gonzalo Sánchez Helipe realizaban compras de ganado en Alcaraz junto a otros ganaderos de la villa.
Otra de las familias ganaderas de la localidad, estaba representada por Juan López Nieto, cuya hacienda en ganados y tierras superaba los 100.000 maravedis en 1498, lo que le convertía en uno de los mayores contribuyentes a las rentas de la encomienda; cuando aquel año amenazó a los visitadores con abandonar la comarca si le expropiaban una viña, el alcalde tuvo que interceder a su favor, asegurando que la encomienda perdería con ello entre doce y quince mil maravedis de renta anuales. Junto a estas familias los Sánchez de Alcaraz , Devesa, Rodríguez de Escobar y Sánchez de Pastrana mantuvieron su condición de caballeros desde 1498 a 1515, lo que evidencia la estabilidad de sus respectivas fortunas. También la familia Muñoz mantenía intereses ganaderos en la localidad y su fortuna en aumento le permitirá, ya en 1525, construirse una capilla particular para su enterramiento en la iglesia parroquial.

2/28/2005

La sociedad de Liétor

La sociedad de Liétor

No existe documentación suficiente para realizar un análisis de la estructura social de Liétor en períodos anteriores a la segunda mitad del siglo XV. En esta fecha, la población se nos presenta estructurada en dos grupos sociales bien diferenciados: un reducido conjunto de familias enriquecidas que mantienen el gobierno político de la comunidad y, por el contrario, un amplio grupo de familias campesinas dependientes del trabajo agrario y, progresivamente, del mercado externo para conseguir un nivel
suficiente de subsistencia.

El grupo social dominante se encuentra reducido a un total aproximado de veinte familias que no llega a representar más del 10% de la población de la villa. Su característica esencial es que son campesinos enriquecidos que se han separado del proceso productivo y tienen como base de su riqueza el control de la propiedad agrícola y el mantenimiento de amplios rebaños de ganado.

Cañero

Dedicado a Cañero III

2/09/2005

Rivalidad entre Parroquia y ermitas

Rivalidad entre Parroquia y ermitas

Las prácticas litúrgicas de la parroquia no se limitaron al culto funerario; el culto a los santos encauzaba una fluida corriente de limosnas que fue bastante estable, en la que rivalizaron las ermitas con la parroquia. El culto mariano, unido al de los apóstoles Santiago y San Bartolomé, fue el más extendido, no sólo en las esculturas y retablos sino también en la multitud de pinturas y murales existentes en las paredes de la iglesia, en las que la representación de la Piedad con otros santos y mártires ocupó un destacado papel. Todavía hoy existe un testimonio similar en la ermita de Nuestra Señora de Belén, algo posterior en su construcción pero muy representativa del culto popular que en la villa se desarrollaba. La procesión anual del Corpus por las sinuosas calles del pueblo, las procesiones semanales que se efectuaban alrededor de la iglesia, el rezo de la salve en la noche de los sábados y el mantenimiento de un libro de registro de bautizados, desde una fecha tan temprana como 1511, son otros ejemplos del monopolio que la parroquia ejerció sobre las conciencias del pueblo.

El control global de las rentas parroquiales y del gobierno espiritual de la comunidad, ocasionó continuos enfrentamientos entre la Orden de Santiago y el Obispo de Cartagena. La parroquia estuvo vinculada a la vicaría de Yeste desde las últimas décadas del siglo XV y hasta la creación de la vicaría de Aledo en 1652, que extendió su jurisdicción sobre ella. Pero los obispos de Cartagena intentaron continuamente conseguir los derechos de visita de la iglesia y ermitas con la detracción de una parte de sus rentas, aunque nada de ello consiguieron ante los privilegios santiaguistas, salvo sus tradicionales derechos de visita de la pila, óleo y crisma.

Cañero

1/28/2005

El Culto Funerario

El Culto Funerario

El Culto Funerario estaba centralizado en la iglesia parroquial, donde la proximidad de las sepulturas al altar mayor denotaba la mayor o menor riqueza de sus ocupantes; junto a ella, el cementerio quedó reservado para la población con menos recursos.
Además, mientras los primeros conseguían la salvación de sus almas mediante el establecimiento de aniversarios y misas sustentados con donaciones de tierras y casas, los segundos debieron de contentarse con las oraciones que una capillanía colectiva fundada por el concejo, aseguraba diariamente; esta capillanía denominada “ de las ánimas del purgatorio” fue establecida en los primeros años del siglo XVI y está documentada desde 1507, financiándose con los ingresos procedentes de seis casas donadas para tal fin; su renta anual de 2000/2500 maravedíes permitió pagar el salario de un capellán que dijera una misa diaria a la hora del alba por las almas de todos los difuntos de la villa.

Cañero

1/13/2005

Ampliación y reconstrucción del templo

Ampliación y reconstrucción del templo

El principal gasto de la parroquia en los años de transición del siglo
XV al XVI estuvo originado por las obras de ampliación y reconstrucción del templo. Es un espacio compuesto por dos naves sobre pilares y arcos de cantería, que asistirá a un progresivo aumento del número de capillas que modificaron su distribución interior.
Ya en 1494 se consideró necesario ampliar la iglesia hacia la muralla
de la villa, por ser insuficiente para acoger a todos los fieles, pero
las obras no se realizarían hasta los primeros años del siglo XVI
cuando se rehizo la capilla principal y se construyeron dos tribunas de madera, una para los rezos diarios y otra para el órgano, documentado desde 1507.

También desde entonces surgieron nuevos espacios colaterales dedicados
al culto. Si en 1480 sólo existía un altar mayor con las imágenes pintadas de los titulares de la parroquia, en 1494 ya presenta otros centros secundarios de culto a ambos lados del altar mayor, que se convirtieron en capillas durante la primera década del siglo XVI. La principal de ellas fue la de la capilla de Nuestra Señora, situada a la derecha del altar mayor; en 1494 no era más que un altar con una
imagen, trasformada en capilla al iniciarse el siglo XVI. Construida de cantería por el Concejo de la villa, esta capilla de Nuestra Señora se convirtió en un potente lugar de culto local, hasta el punto de mantener mayordomo y contabilidad distintas a la parroquia. También el altar dedicado a San Antón y San Francisco fue transformado en capilla hacia 1511, cuando se ordena al Concejo que termine de cubrirla y tejarla.

La parroquia monopolizó el culto de la villa durante toda la etapa bajo medieval, siendo el único centro religioso existente en el interior del núcleo urbano. Sin embargo, en la década de 1490 comenzaron a surgir otros espacios de culto construidos fuera de la villa y convertidos en lugares protectores de la comunidad frente a las enfermedades y epidemias que la asolaban periódicamente. En 1494 se documentan dos ermitas, dedicadas a San Sebastián y San Cristóbal, recién construidas y sustentadas con las limosnas de los fieles. La ermita de San Sebastián estaba situada muy próxima a la villa y quedó incorporada al núcleo urbano cuando se desarrolló el arrabal, desde la década de 1510. Por su parte, la ermita de San Cristóbal se localizaba, en un alto fuera de la villa y estaba acabándose de construir en 1515.
Hasta 1535 no se documenta una nueva ermita a extramuros, la de Nuestra Señora de Belén.

Cañero

1/07/2005

Las almas de la Iglesia

Las almas de la Iglesia.

El beneficio parroquial de Liétor reportaba unos ingresos medios que se cifraban en unos 12.000/14.000 maravedíes en los años de transición del siglo XV al XVI.
Su principal fuente de renta fue la percepción de las primicias de cereal y queso, por lo general media fanega de grano de cada nueve cosechadas. A ello se unió el pie de altar y ofrendas recibidas más las limosnas. Además, el beneficio mantuvo algunas propiedades, entre ellas la casa donde residía el párroco y algunos censos sobre viñas y huertos concedidos por vecinos de la villa para las misas testamentarias.
En 1511 se nombran las siguientes: una viña que poseía Juan Guerrero y pagaba 25 maravedíes de “pensión” a cambio de diez misas al año; un huerto que poseía Pedriarías por un real, a cambio de cinco misas; otro huerto de Gómez García Muñoz, por quince maravedíes a cambio de tres misas; y un último huerto que poseía la mujer de Ribiera por medio real y cargo de una misa cantada.
No en todas las villas la iglesia recibía tanto.
Algunos párrocos tuvieron que ser retribuidos por el comendador para asegurar el culto.

La fábrica de la iglesia era gestionada por un mayordomo, elegido por el concejo y el párroco entre los vecinos de la villa.
La iglesia tenía unos gastos enormes en relación a costes de construcción y ampliación del edificio, que en los primeros años del siglo XV se encontraba en fase de renovación completa. Por esto, aunque la iglesia ingresaba las limosnas, los derechos de sepulturas y el escusado, debía recibir continuos aportes económicos del concejo para su edificación que, en muchas ocasiones, procedían de repartimientos entre los vecinos debido al déficit de las arcas municipales. Cuando, en 1511, los visitadores ordenaron realizar ciertas reparaciones en las murallas de la villa, tuvieron que escalonar el gasto en tres años debido a que el pueblo estaba fatigado económicamente.

Los vecinos ricos pagaban a la iglesia a cambio de favores religiosos, siendo los más pobres despojados de los favoritismos. La salvación de estos vecinos estuvo así condicionada a un aumento de la presión fiscal sobre la población.
Desde 1490, la parroquia comenzó a recibir donaciones de tierras y casas como mandas testamentarias para sufragar misas por el alma de los donantes, los más ricos.

Así bien, ¿qué pasaba con las almas de los más pobres?

Cañero

12/05/2004

La parroquia

La iglesia parroquial se convirtió, tras la desaparición de la fortaleza, en el símbolo más representativo del poder señorial. Dedicada al apóstol Santiago (En la visita de 1480 se le denomina Santa María y Santiago, aunque en adelante sólo se le llamaba de Santiago), desempeñó la doble tarea de instruir en el culto cristiano y en la ideología feudal a la población y de convertirse en un centro para obtener rentas para el clero santiaguista. Los nobles se sintieron poderosos en la parroquia frente a los vasallos. Los habitantes de Liétor sintieron durante siglos la inferioridad de su rango.

El párroco procedía del convento de Uclés. Era el destinatario de un grupo de rentas conocido como beneficio parroquial que mantenía una total autonomía respecto a la parroquia como lugar de culto. Este beneficiado debía de ser clérigo santiaguista y residir en la villa para desarrollar el servicio a que era obligado; era presentado por el maestre de Santiago y recibía la colación del obispo de Cartagena. No obstante, en las últimas décadas del siglo XV fue normal que el párroco retribuyera con salario a un sustituto mientras que él residía fuera y percibía las rentas del beneficio. Esto ocurría en 1480, cuando los visitadores encontraron en la villa a un capellán puesto por el canónigo Santoyo, que estaba ausente; catorce años después, el párroco Alvar López mantenía a Andrés Hernández como su lugarteniente, hasta que éste consiguió su nombramiento como párroco por el Rey Fernando el Católico, acabando con estas interinidades.

El concejo de Liétor y el gobierno local (parte II)

En 1494, se ordenaba la forma en que los molineros debían pesar la harina, y periódicamente se intentaba asegurar el establecimiento de ciertos técnicos y especialistas concediéndoles franquezas de impuestos y fijando los precios de sus productos.
También el abastecimiento de carne se encontraba regulado, arrendando la carnicería y estableciendo los precios de la carne, un negocio monopolizado por los ganaderos de la villa, que iba unido, en ocasiones, a la venta del aceite y a la recaudación de las sisas sobre estos productos, aunque estuvo permitida la matanza de animales criados en la viviendas privadas, pagando la sisa correspondiente de lo que se vendiera a otros vecinos.

El mantenimiento de un médico fue uno de los servicios que no siempre pudo mantenerse; en 1488 se contrataba como físico a Diego de Llerena por tres mil maravedíes al año, sin embargo, en 1494, el pueblo se tenía que conformar con un sangrador de residía en la villa y un “saludador” que residía en Tobarra.
También se intentó mantener un hospital de tres camas abierto, pero fue cerrado reiteradas veces por falta de capital para su mantenimiento.

Presupuesto del concejo de Liétor en 1494

INGRESOS GASTOS

Molino 5.500 Barbero/Sangrador 3.000
Lagar 600-1.000 Pregonero/Enterrador 3.000
Carnicería 2.300 Sacristán 1.200
Almotacenía 400 Oficiales Concejo 700
Caballería 600 Jurado Concejo 600
Dehesa Talave ? Saludador 500
Escribanía ? Fiel del Peso 1.250


El déficit crónico de la economía concejil se acentuó en las épocas de finales de siglo XV debido al aumento de los gastos.Influyó negativamente los conflictos con Alcaraz y Letur por cuestiones de mojones y de nuevos tributos monárquicos.
Como único recurso, el concejo incrementó entre un 15/20 los precios de los tributos de la venta de carne y de aceite.

El concejo de Liétor y el gobierno local (parte I)

El gobierno de la comunidad se ejercía a través del concejo, cuya composición y organización estaba regulada por los establecimientos de la Orden. Estuvo constituido por dos alcaldes, tres regidores, un alguacil, un jurado y un procurador, aunque, desde 1501, aumentó a cuatro el número de regidores. Todos ellos eran elegidos el día de San Miguel por el sistema de cooptación, reservando los puestos a las personas más influyentes. De esta manera, cada año, los oficiales salientes proponían a sus sucesores, perpetuándose en el poder concejil un reducido grupo de familias.

En 1494, alcaldes, regidores, alguacil y procurador percibían cien maravedíes anuales, mientras que el jurado cobraba seiscientos por encargarse de la contabilidad concejil.

Otras funciones hicieron más atractiva la participación en las tareas de gobierno. El concejo regulaba la utilización de los bienes comunales, la dotación de tierras baldías para su roturación y la delimitación de las zonas especiales de pasto para su utilización exclusiva de grandes ganaderos a través del arrendamiento. También dependía de él la concesión de licencias para la instalación de colmenas con la obtención de tierras de seguridad en su entorno. Por último, el abastecimiento de carne, el mercado de productos tintoreros y otros bienes de consumo dependían del correspondiente arrendamiento concejil para monopolizar su venta. Fueron estas actividades que proporcionaron beneficios a los componentes del concejo, todos ellos ganaderos y comerciantes con amplios intereses en la economía local.

La encomienda de Socovos: propiedades y rentas (parte III)

Finalmente, se documentan unas salinas denominas “de Liétor”, que aparecen en los textos documentales de manera muy irregular y que, por la cuantía de su arrendamiento y por su evolución posterior parecen ser las salinas de Socovos, situadas a cinco leguas de Liétor, en término de Socovos y enajenadas por Felipe II.

El control del territorio se extendía, también, a la entrada de productos foráneos para su venta en la villa, sometidos al pago del portazgo a la entrada de la encomienda y de la veintena del valor de compra, que representaba un maravedí por cada veinte del precio total de la venta.
Además de controlar la producción agraria y el control del territorio, la encomienda mantenía la propiedad de los principales medios de transformación de la producción. Así, los hornos, molinos y batanes de Liétor fueron monopolizados por la Orden obligando a los vecinos a pagar un canon por su uso.
Frente a este aspecto monopolizador, la encomienda aseguraba la permanencia de estos medios y su mantenimiento, cuyo alto coste inversor los hacía prohibitivos para cualquier vecino e, incluso, para el concejo de la villa

La encomienda de Socovos: propiedades y rentas (parte II)

Comendadores de la encomienda de Socovos (siglos XIV-XV)

Gonzalo Yáñez 1331-1335 Gómez Fajardo 1457-462
Alfonso García 1367 Beltrán de la Cueva 1462
Diego Arias 1369 Juan Pacheco 1462
Garci López de Cárdenas 1409-1426 Juan Alonso Novo 1463-1465
Juan González 1412 Juan A. de Montealegre 1465
Mosén García de Heredia 1426-1431 Alfonso de Lisón 1466-1482
Juan Alonso Novo 1440 Enrique Enríquez 1482-1525
López Álvarez de Osorio 1440-1445


La encomienda era, sin embargo, un complejo señorial destinado a la extracción de rentas y al dominio de las fuentes de riqueza existentes.
Las rentas más cuantiosas procedieron del pago del diezmo. Todos los vecinos de Liétor estaban obligados a tributar con el diez por ciento de los productos agrícolas y ganaderos conseguidos cada año.
Desde los cereales al vino pasando por los corderos, lana, fabricación de quesos y productos procedentes de las colmenas. También la producción domestica orientada al consumo familiar estaba sometida al pago del diezmo, así, con el nombre de cirundaja se percibía el diezmo de frutas, legumbres y hortalizas, incluyéndose la crianza casera de pollos y las pequeñas rentas de producción de novillos, yeguas e incluso, tejas.
Para el caso de los vecinos que no tenían propiedades, los asalariados, se les cobraba una parte variable de lo percibido.

La Orden, también, ejercía un estricto control sobre la utilización de las tierras de pastoreo, por ganados que venían de otras villas. A todos ellos se les cobraba el derecho de herbaje, además del diezmo de las crías nacidas en territorio de Liétor. A esto se le unía el derecho de borra y castillería que era el cobro de una cría de cualquier tipo de ganado por cada rebaño de cien cabezas, o, si no, cuatro maravedíes, si no llegaban a las cien cabezas.
También algunas zonas ricas por sus pastos fueron monopolizadas, siendo utilizadas solo por los ricos de la villa.

El señorío de la orden de santiago

La donación de Liétor a la Orden de Santiago marcó profundamente todo su desarrollo histórico hasta el siglo XIX. Su entrada en el señorío santiaguista se realizó a través de la encomienda de Socovos, siendo el representante del poder señorial en la villa el comendador o alcalde y el párroco. El concejo consolidó en el ejercicio del poder local a un grupo minoritario de vecinos muy ligados al poder santiaguista.

La encomienda de Socovos: propiedades y rentas (parte I)

Aunque existen noticias de un comendador de Liétor durante los años finales del siglo XIII, el resto del periodo bajomedieval, Liétor quedó integrado en la encomienda de Socovos, como las villas de Letur y Socovos.
La encomienda fue la unidad básica de organización territorial de la Orden de Santiago. La principal finalidad de la orden era la obtención de rentas y la defensa del territorio frente a vecino reino granadino. También debían los caballeros de cumplir los votos de pobreza, castidad y obediencia.
El centro de gobierno señorial se localizó en Socovos, que mantenía una buena fortaleza como residencia de los comendadores; estos mantuvieron un alcalde en Liétor, ejerciendo como representante señorial frente al concejo y sus habitantes. Esto duró hasta el siglo XV, coincidiendo con la desaparición de la fortaleza de Liétor. Así quedó como único alcaide el propio de Socovos al mando de Don Enrique Enríquez, comendador de Socovos.
La gestión de los comendadores era supervisada por los delegados de la Orden que periódicamente revisaban las actuaciones de ejercidas por éstos. Controlaban la gestión de las rentas de la encomienda, el estado de las propiedades y la situación general de la villa. Incluyo en la plaza de Liétor se efectuaba un pregón donde los habitantes podían dar las quejas que tuvieren del comendador. Así, durante las visitas de los delegados en 1480,1507 y 1513, acabaron acusando al alcalde de no cumplir con la obligación de mantenimiento de la villa.
El comendador tenía un grupo de escuderos y criador que, junto al alcalde, constituían un pequeño séquito militar y doméstico. En este pequeño grupo de élite solían incorporarse algunos miembros de las familias más destacadas de la comarca, sirviendo de continua alianza entre el poder señorial y los grupos de poder de cada villa.
Entre los criados del comendador Alfonso de Lisón, en 1480, se citan algunos que por su apellido pudieran pertenecer a las principales familias de Liétor. Teniendo la villa una complicidad directa que benefició a Liétor en cuestión de rentas e impuestos.

dedicado a Pedro Hernández, por lo que le corresponde!!!


Una mala racha en el S. XV

Los problemas estaban latentes durante este siglo. Las fronteras junto con las guerrillas causaban muchas bajas disminuyendo la población y por si era poco, el levantamiento de Alfonso Fajardo, comendador de Socovos, contra el rey de Castilla ocasionaba numerosas muertes debido a los enfrentamientos.

Tal era la inestabilidad política de la zona que la población de Liétor se vio crecida por la inmigración de estas gentes a la villa. Ya en 1468 se recogen los primeros datos demográficos con una población aproximada de unos 100 vecinos en el territorio, siendo la villa más poblada de la encomienda.
Esto demuestra que Liétor era una villa tranquila donde se pretendía vivir la vida.

Toda esta bonanza poblacional se fue complicando por diversas causas, entre las que destacan las políticas, sociales y sanitarias.
En 1454, Letur ya había sido repoblada por cristianos, muchos de ellos procedentes de Liétor, Yeste y otros pueblos. La inestabilidad que propiciaba la familia de Fajardo, que convirtió a la encomienda en un foco rebelde frente a la Corona; la villa de Liétor se mantuvo en el campo monárquico durante algunos periodos.

Cuadro demográfico (población dentro de la fortaleza)

Año Liétor Letur Socovos Férez
1468 250 70 12 30
1498 160 72 27 23
1503 139 80 18 25
1507 180 82 25 32
1511 180 - - -
1515 210 - - -
1525 250 150 40 40
1530 308 169 62 61


La cifra de 250 vecinos dentro de la muralla, representaba un exceso de población para el espacio habitable.
El descenso de habitantes fue brusco desde la década de 1470 a 1500 motivado por dos factores esenciales: las epidemias de peste y la corriente migratoria a las villas de la frontera, recientemente conquistadas. La conquista de Huéscar en 1488 y la repoblación de Baza en 1490 desencadenaron una mayor emigración hacia Granada. También la repoblación de la vecina Férez en 1488.

Las epidemias de peste traumatizaron bastante. En junio de 1494 el concejo de Orihuela recordaba que una epidemia de peste se extendía por Hellín y Tabarra. Esto propició varios años de hambre y de malas cosechas, afectando brutalmente a la población.
Lo que sustentó a la villa fue la ganadería, junto con el comercio lanero. Los vecinos que se mantuvieron en la villa mantuvieron una economía escasa pero floreciendo la industria textil, llegando a superar la de Alcaraz. Con ella se consiguió estabilizar a la población en la década de 1520.

Soldados y vecinos

Si ya existían problemas con el mantenimiento de la muralla, también había que pensar en quién la tenía que defender de los ataques de los musulmanes.
Aunque la supervisión del estado de la muralla la realizaba la Orden de Santiago, la defensa de la villa estaba a cargo del concejo, que movilizaba a sus habitantes para efectuar las rondas y guardias necesarias en caso de peligro.

Estas tareas las hacían los adultos, aunque quedaban exceptuados los enfermos y ancianos además de algunos vecinos ricos que podían buscarse a un sustituto pagando sus servicios.

Como refugio alternativo, la comunidad mantuvo para casos excepcionales de asedio una cueva existente en la roca, bajo la población de muy difícil acceso y fácil de defender que vino a suplir la falta de fortaleza a finales del siglo XV.

Así, despoblado Híjar y arruinada la fortaleza de Liétor por la desidia de los comendadores, la villa tuvo que hacer frente a la defensa del territorio durante todo el periodo bajomediaval, al ser el único recinto poblado existente en el término.
Siendo la única guarnición armada la que estaba a cargo del comendador de Socovos.

Las puertas de la ciudad

El recinto amurallado tuvo una única puerta de acceso, situada en la parte llana junto a la plaza de la villa. Sobre ella se situó el edificio del concejo y su defensa quedó reforzada con una torre y un baluarte con sus troneras y saeteras que protegían el acceso.
Sin embargo, la especial disposición de la villa por su asentamiento en la gran roca, propician la apertura de otros accesos en lugares alejados de la puerta principal, con el fin de tener salidas a la vega del río y a la rambla.
La principal de ellas fue un postigo abierto junto al cementerio de la iglesia, protegido por una torre y al que se ordenó reforzar con un arco y puertas en 1494. Esta salida había sido dispuesta para la salida de las mujeres para que no utilizaran la puerta principal cuando los alcaldes efectuaban los juicios.
Además de estas dos salidas, existieron otras cuatro aperturas no autorizadas pero casi permanentes, que abrían sobre la parte más abrupta de la muralla.

El toro y los encierros

Resulta complicado y tremendamente difícil remontarse a los orígenes de los encierros en Liétor. La escasa y escueta documentación conservada en archivos y bibliotecas no aporta la suficiente luz al tema, dejando este con muchas lagunas y sobras. Así se tratará el tema desde un ámbito más general.

No obstante lo que pretendo con este artículo es aportar datos para que cada uno componga su propia idea del toro y los encierros.

La leyenda y el mito definen el argumento base para enraizar los primeros encierros. Origen que algunos fijan dentro de la cultura vettona, etnia de estirpe celta que basó su economía en la explotación ganadera; echo que propició el que le rindieran culto al toro como animal sagrado, conjugando la magia y el mito con el sacrificio y el fuego.

Prolifera, de igual modo, el relato que narra la costumbre entre los vecinos del lugar que, al llegar como cada año el estío de verano, un joven sacado por sorteo entre los de su quinta, era soltado por las calles estrechas, entre muros, de la ciudad armado con puñales para defenderse del ataque del que era sometido por el resto de habitantes, ante cuyas agresiones terminaba falleciendo. Un año, la suerte agració a un hijo de un noble que canjeó a este por un toro; iniciándose así, de esta manera, la ininterrumpida lidia de toros por las calles de la ciudad antigua de Coria.

Los primeros documentos que hacen referencia sobre las celebraciones o fiestas regladas de toros en Coria se remontan a la concesión del Fuero de la Ciudad a principios del siglo XIII.

En la Prehistoria, desde que el hombre comenzó la caza del antepasado del toro, el uro, mostraba una actitud a acometer violentamente para defensa propia. La admiración por este lo llevó a tomarlo como símbolo de fuerza y de poder y de adoración como animal sagrado o totémico.
Ya en la edad Antigua, este curioso contraste entre la bravura y ferocidad vinculó a este animal con los dioses y mitologías mediterráneas como el dios egipcio Apis, Teseo o el Minotauro…Rituales que posteriormente darían paso a la celebración de combates de toros, entre los antiguos pueblos prerromanos de estirpe ganadera. Dichas peleas exigían un valor y una habilidad técnica como se puede observar en pinturas murales como los que decoran en Creta el Palacio de Cnosos, donde lidiadores saltan sobre el toro, cogiéndolo de los cuernos y derribándolo.
En otras ocasiones el ritual taurino se remontaba en ceremonias de tipo colectivo: inauguraciones, bodas…donde lo popular se fundía con lo religioso, como bien se describe en las “Cantigas de Santa María” de Alfonso X, siglo XIII

En la Edad Media surgió la suerte de lancear los toros a caballo; habilidad que servía para adiestrar a los militares. Como deporte ecuestre se daría durante el reinado de los Reyes Católicos, los famosos lanzamientos. Toda una suerte de festejos tauromáquicos que propiciaron, en 1495, tras la caída y conquista de Granada, la celebración de un evento taurino en la propia sede Católico-Romana del Vaticano como símbolo de tal hito histórico.

Edad Moderna. No será hasta principios del siglo XVIII, el momento en que aparezcan los primeros lidiadores con matices profesionales, rejoneadores acompañados de sus propias cuadrillas. También surgen las primeras plazas de toros. A finales del siglo XVIII se consolida la tradicional corrida de toros.


Queda con esto explicado la evolución del toro y de los encierros….pero antes de terminar el articulo comentar a modo de comentario popular la más cercana referencia de los encierros en Liétor…

En la reconquista de Granada, el conde don Fadrique, perteneciente al reino de Navarra, bajo con sus tropas para apoyar por la zona sur de la sierra de Segura, a Alfonso X, el Sabio. Al regreso de dichas tropas uno de los nobles en la retirada hacia tierras navarras, se asentó en el término de Liétor y a modo de celebración soltaron a un toro que recorrió las calles de la villa.


articulo dedicado a Webmaster

La muralla

Liétor presentaba la típica estructura urbana fortificada de las poblaciones de la frontera. Recordar que el lugar estaba próximo a la frontera con el término musulmán de Granada y que en ocasiones ciertas partidas de musulmanes guerreaban para reconquistar Líetor.

El núcleo urbano se encontraba amurallado y, en su interior, una fortaleza de origen islámico regía. No obstante la fortaleza fue abandonada por la Orden de Santiago en beneficio del castillo de Socovos, donde residían los comendadores y alcaldes, quedando en desuso y arruinada desde la segunda mitad del siglo XV. Este deterioro se intentó corregir pro el comendador Alonso de Lisón hacia 1480, solicitando licencia al maestre Alfonso de Cárdenas, para la construcción de una torre. Siendo el proyecto autorizado, este fue abandonado la iniciarse la construcción.

El núcleo urbano esta bien protegido por un buen sistema defensivo al estar situado sobre una roca bordeada por el cauce del río Mundo y por una rambla, de manera que un hondo precipicio protegía a un amplio sector de la población y el resto lo constituía una buena muralla.

El problema estaba en el mantenimiento de la muralla, donde buena parte estaba constituida por las propias viviendas de los habitantes, pero el resto había que cuidarlo.
Este cuidado lo hacían los propios vecinos, debido a que los santiaguistas no se hacían cargo. Es por ello que se podían encontrar amplios sectores de la muralla en mal estado debido al alto coste económico que tenían que soportar los vecinos. Tan solo una parte del muro estaba a cargo del concejo.

¿Estaba Liétor bien protegido? ¿Estaban seguros los vecinos de rentas bajas tanto como los santiaguistas y nobles?






Enfado 31/08/2004 11:12
Enfado

Ya desde antaño Liétor tenía problemas con los vecinos. La mojonera con Alcaraz se mantuvo invariable durante lo siglos bajomediavales aunque a finales del siglo XV se desarrollaron continuos pleitos con Alcaraz cuyos gastos influyeron negativamente en la economía de ambas poblaciones, si bien es cierto que algún hombre de leyes se enriqueció.

Desde 1493, documentado, y desde fechas anteriores, se mantenían fricciones, peleas e incluso muertes entre los habitantes.
El origen de estos conflictos era por la utilización de ciertos lugares de pastoreo, uso de abrevaderos para el ganado y de fuentes para la explotación de nuevos regadíos.

“”Cuenta la leyenda que por aquellos años de disputa se dio la muerte a un habitante de Liétor, en la fuente de Híjar,. en manos de dos cristianos del término de Alcaraz, mientras este daba de beber a un rebaño de cabras. Dicho hombre era musulmán convertido al cristianismo y murió a golpe de piedra en la cabeza.
Este fue recogido por cristianos de la población de Liétor, mandados por su señor, noble por aquellos tiempos, al que pertenecía el rebaño de cabras.
Así, el noble mandó buscar a los asesinos de su criado, encontrándolos en la fuente de el Pino y fueron lapidados con el mismo número de piedras que cabras tenía el rebaño.””

Enfado

Ya desde antaño Liétor tenía problemas con los vecinos. La mojonera con Alcaraz se mantuvo invariable durante lo siglos bajomediavales aunque a finales del siglo XV se desarrollaron continuos pleitos con Alcaraz cuyos gastos influyeron negativamente en la economía de ambas poblaciones, si bien es cierto que algún hombre de leyes se enriqueció.

Desde 1493, documentado, y desde fechas anteriores, se mantenían fricciones, peleas e incluso muertes entre los habitantes.
El origen de estos conflictos era por la utilización de ciertos lugares de pastoreo, uso de abrevaderos para el ganado y de fuentes para la explotación de nuevos regadíos.

“”Cuenta la leyenda que por aquellos años de disputa se dio la muerte a un habitante de Liétor, en la fuente de Híjar,. en manos de dos cristianos del término de Alcaraz, mientras este daba de beber a un rebaño de cabras. Dicho hombre era musulmán convertido al cristianismo y murió a golpe de piedra en la cabeza.
Este fue recogido por cristianos de la población de Liétor, mandados por su señor, noble por aquellos tiempos, al que pertenecía el rebaño de cabras.
Así, el noble mandó buscar a los asesinos de su criado, encontrándolos en la fuente de el Pino y fueron lapidados con el mismo número de piedras que cabras tenía el rebaño.””

Lindes y mojones

Los lindes de Liétor se fijaron en la segunda mitad del siglo XIII. El territorio se consolidó como tal con la incorporación del castillo de Hijar, aunque este mantuviera sus propios terrenos, territorio musulmán.
Así, quedó limitado al sur por Letur y Férez, términos santiaguistas; por el este con el término de Hellín, integrado en el señorío de Villena; al norte limitó con Peñas de San Pedro; y al oeste con el extenso territorio de Alcaraz, al que pertenecía la aldea de Ayna.

La línea divisoria entre Alcaraz y Liétor fue, también, la mojonera entre los reinos de Murcia y Toledo.

Moros o cristianos en Liétor

Las crestas rocosas de Liétor y de los Infiernos tenían como vecinos a yemeniés y mudaríes, beréberes y magrebíes, asentados pro más de cinco siglos.

El establecimiento musulmán en la zona era estratégico, asentado sobre una fuente de agua que permitiría la distribución de la misma por todas las terrazas.
Nace la agricultura en Liétor. La adaptación al clima y al suelo, de cosechas esperadas y del saber botánico, potenció una de las civilizaciones más urbanizadas de la época.
Durante el periodo de dominación islámica más que las armas son los objetos de la vida cotidiana lo que en realidad nos ha culturizado, legones, balanzas, hoces, martillo,…e instrumentos de producción, (azuelas, accesorios de molino, hacha, punteros….).


Durante la conquista, ¡Revueltas, guerras, golpes de estado…! Una de las zonas de mayor resistencia fue la toma de Los Infiernos. Los musulmanes ocultaron los objetos valiosos en las cavernas para volver más tarde, aunque en ciertos casos no hubo retorno.
Después de la reconquista con la presencia de los cristianos parte de la población de la zona de Segura huyeron a Granada y otra se quedó. Los habitantes musulmanes de Liétor e Hijar, permanecieron en convivencia con los cristianos.

Lo cierto es que Liétor se convirtió en una pequeña aldea dependiente de Segura, quedando muy afectada por los acontecimientos militares ocurridos en la región desde la rebelión mudéjar hasta la guerra de Aragón a final del siglo XIII.
Liétor había sido arrasado y desterrado de todas sus riquezas culturales y sociales, dejando a sus habitantes asolados. Se estableció una política de presión sobre dicho colectivo, potenciado por el infante Alfonso X, que acentuó la debilidad de las estructuras de doblamiento islámicas, desencadenando la sublevación mudéjar (1264-1266).
La población musulmana desaparece de Liétor.

En 1335 cuando los principales caballeros de la Orden de Santiago se reúnen en un Capitulo general de Mérida y deciden repoblarla con familias cristianas. Y así, el 13 de noviembre de 1335 el maestre don Vasco Rodríguez ordenaba a Gonzalo Yáñez, comendador de Socovos, que repartiera las tierras del lugar a todos aquellos que las ocuparan, a cambio de pagar el correspondiente diezmo.

El término Liétor

Depurando las deformaciones fonéticas de la época de latinos y árabes, el término podría venir del ibero. Aunque no se conoce muy bien quienes fueron los primeros habitantes de Liétor, si se cree que pudiera haber existido una población prerromana, como indica el termino “Litur”.
El término podría corresponderse con el ibérico “ ili-iturri” en el que sería fácil distinguir la partícula “ili” , revelando la existencia de un pequeño núcleo de población, y la partícula final “iturri”, muy similar a la palabra euskera con la que identifica a una fuente o manantial. Así, podríamos identificar Liétor como “Lugar de la Fuente”.


Los abuelos de Liétor

Liétor es un pequeño municipio al sureste de la provincia de Albacete, en la sierra de Segura, asentado sobre la plataforma rocosa de la cuenca media del río Mundo, sobre un espectacular risco dolomítico.

Liétor fue conocido por los íberos (grupo de pueblos que habitaron el sur y el este de la península Ibérica entre los siglos VI a.C. y II a.C. y que, pese a su diversidad, manifestaron características comunes, probablemente como consecuencia de su prolongado contacto con los pueblos comerciantes del Mediterráneo (púnicos y griegos)) y romanos y más tarde se asentaron los árabes.

Los romanos buscaron la fertilidad de valles y llanuras. Se buscó la protección de los numerosos cerros que abundan en los alrededores de la zona. Edificaron en los lugares de amparo estratégico intentando repeler los ataques enemigos. ( Socovos, cuenta con hallazgos arqueológicos prerromanos y romanos)

Realmente el origen de Liétor está unido a una antiquísima población islámica, así se puede ver en los restos arqueológicos junto con el trazado urbano del pueblo.
Sobre los asentamientos que construyeron los romanos, los musulmanes levantaron castillos inexpugnables buscando los pasos estratégicos y las dominaciones de las inmediaciones de los ríos.

Después de los árabes, los cristianos.
Finalmente se produce la incorporación de Liétor a la corona de Castilla (1242-1335)
Liétor se encontraba ejerciendo como frontera entre el reino de Castilla y el reino musulmán de Murcia, siendo las fortalezas de Liétor y de Hijar las defensas que mantenían los islámicos por el cauce del río Mundo. Puntos de gran resistencia frente a las tropas cristianas de Alcaráz. Tan feroz fue la resistencia que los cristianos no pudieron entrar desde territorio alcazareño.
Al comenzar la década de 1240, la situación política musulmana del reino de Murcia estaba resquebrajándose, perdiendo autonomía y debilitándose. Así, por aquellos años Líetor estaba siendo rodeado junto con Hijar por los cristianos que ya habían llegado a Ayna y a Peñas de San Pedro aunque Yeste, Taibilla y Socovos se mantenían intactos frente al poderío de la resistencia musulmana.

La lucha por la entrada a Liétor continuó ferozmente durante el periodo de 1240- 1241. Al agotamiento de las tropas se les unió el mal estar de los nobles castellanos que estaban al frente de dichas avanzadas, abandonando durante unos meses por las disputas que mantuvieron con Fernando III (rey de Castilla).
Los nobles castellanos pedían refuerzos al Rey para que de una vez por todas Liétor fuera tomado, desterrando del poder a los musulmanes.

Finalmente se concentraron en Albacete tropas de caballeros de la orden militar religiosa de Santiago. Debido a la fuerte resistencia en los cerros de Hijar y Liétor, se pretendía efectuar un avance masivo desde la meseta hasta el corazón de la sierra de Segura.
El avance lo efectuó don Pelay Pérez Correa, entonces comendador mayor de Uclés y posteriormente maestre de la orden de Santiago, ayudado por don Gil Gómez Doviñal, noble portugués y sus sobrinos Gonzalo y Martin Yáñez Doviñal, junto con la ayuda de tropas aragonesas . Todo un ejército preparado para victoria final haciendo uso de una verdadera estrategia militar.


El avance comenzó tomando Chinchilla en 1242, dirigiéndose rápidamente sin pausa alguna hacia el sur en una exitosa conquista.
La estrategia estaba clara, tomaron Hellín para remontar el curso del río Mundo hacia Liétor e Hijar. El éxito fue tan ágil como rápido pese a las feroces batallas que se vivieron en la base del risco de Liétor con la muerte de musulmanes. No pudiendo parar en la conquista por el fuerte optimismo de las tropas cristianas se efectuaron nuevas y sangrientas batallas en las fortalezas de Vicorto, Villares y Abejuela. Avanzaron con éxito a las poblaciones de Férez, Socovos y Letur. La reconquista llegó a su fin en febrero de 1242.

De este modo, La Orden de Santiago, contribuía, decisivamente, a la conquista de las sierras de Segura. En agosto de 1242 la orden militar conseguía la donación de la villa de Segura de la Sierra, convirtiéndose Liétor en una aldea de Segura.
Así, el 5 de Julio de 1243, de manera oficial, el infante Alfonso, futuro Rey Alfonso X, el Sabio, confirma un privilegio del año anterior, dado por su padre el rey Fernando III, el Santo, donando Segura con todos sus términos a la Orden de Santiago.

Posteriormente, al amparo de estas fortificaciones se crearon núcleos de población que, tras la reconquista, buscaron la comodidad del llano. El asentamiento de los cristinos en la zona fue un gran apoyo para preservar la frontera con el reino de Granada y reconquistar nuevas tierras.